La ciudad de Barcelona evoluciona hacia un modelo de movilidad sostenible, de proximidad y saludable, al servicio de las personas. Barcelona dispone de una gran oferta de medios de transporte públicos y privados, pero, a la vez, afronta retos estructurales, endémicos de una ciudad altamente densificada, como la congestión, la mala calidad del aire y el ruido, que hacen necesario priorizar el transporte masivo de viajeros (metro, bus y tranvía) y los medios de movilidad activa (a pie y en bicicleta).
La regulación del tráfico en zona urbana se gestiona mediante sistemas de control semafórico convencionales, como el que utiliza Barcelona. Son sistemas que se diseñaron en el siglo XX con el objetivo de facilitar la circulación y la seguridad de los vehículos motorizados. Los nuevos objetivos de movilidad, en los que el transporte masivo y los medios activos adquieren mayor relevancia, nos obligan a replantear si estos sistemas son los adecuados para el futuro de la movilidad en Barcelona.
Las nuevas tecnologías de sensorización, la visión artificial, los vehículos conectados, las redes de comunicación de alta velocidad y baja latencia, el desarrollo de redes de cálculo neuronal y el advenimiento de la inteligencia artificial, auguran la posibilidad de lograr una nueva generación de sistemas de control semafórico que respondan al objetivo de mejorar la movilidad de todas las personas usuarias de la vía pública, optimizar los flujos de transporte masivo, el tráfico y los peatones, así como disminuir las emisiones contaminantes, mejorar la priorización del transporte público y aumentar la seguridad vial.